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Imágen : Archivo Online memoriademadrid.es Inv. 1676

Matadero Memoria Aural

A día de hoy no descubriremos nada nuevo si hablamos del paisaje sonoro como esa infinita composición musical formada por la pluralidad de sonidos a nuestro alrededor. Sin embargo, resulta menos habitual reconocer a la voz un papel no marginal como parte de ese tapiz sonoro en perpetuo cambio. El proyecto Matadero Memoria Aural arrancó como un intento de querer recuperar la historia de una parte de Arganzuela a través del sonido, para pronto darnos cuenta de que no era posible sino recoger pequeños fragmentos de aquella en la pluralidad de voces de quienes han vivido en dicho barrio, haciéndolo suyo.

 

¿Se puede medir o cuantificar el peso de los recuerdos en un sonido?

Durante seis meses del año 2013, Sound Readers quiso registrar el testimonio de las personas que de alguna u otra manera estuvieron asociadas al matadero municipal y al barrio del que formaba parte. Por eso hablamos con vecinas y vecinos que habían vivido buena parte de sus vidas en Arganzuela; también, con antiguos y actuales trabajadores de Matadero Madrid; e igualmente, con algunos comerciantes que aún conservan su negocio. Todos ellos eran testigos de excepción de las diferentes transformaciones del barrio.

 

¿Cómo recuperar aquello que ha desaparecido por ser objeto de un sinfín de transformaciones durante décadas?

Registrar el paisaje sonoro de hoy era una tarea insuficiente a la vez que quimérica. Dado nuestro papel de oyentes, al tiempo que ejecutantes en esta inaprehensible composición sonora en la que estamos inmersos, optamos principalmente por la vía de la oralidad, aunque no exclusivamente, ahí están las piezas sonoras, cortesía de Pablo D. Costa, que se aproximan por medio de una recreación, en clave electro-acústica, a las cualidades espaciales de algunas naves del matadero. Pero son los diálogos registrados, piezas de autoría compartida con nuestros interlocutores, donde se demuestra que el acto de escuchar va más allá de una cuestión meramente sensorial.

 

La filósofa italiana Adriana Cavarero en su acercamiento a la voz como fenómeno relacional, más allá del discurso y el lenguaje, recuperaba las palabras de Italo Calvino para recordarnos lo que significa una voz: “una persona viva, garganta, tórax, sentimientos, que empuja en el aire esa voz diferente de todas las otras voces”. Así que el trabajo de Sound Readers ha sido entrar en relación con distintas voces para, vía tecnología, reintegrarlas -y con ellas las nuestras- en el paisaje sonoro de Legazpi, Chopera y alrededores.

 

Sin embargo, ha sido difícil registrar los recuerdos de las personas entrevistadas, sus recuerdos. A veces titubean o se olvidan, algunos se fingen y otros se exaltan. Es una tarea laboriosa, que comprende un trabajo de campo complejo y una metodología que a veces podría parecer algo rígida por seguir un guión; pero también una experiencia personal muy rica en la que no paramos de escuchar, de intentar crear la situación en la que las personas se sientan cómodas y nos cuenten cosas, muchas cosas, porque cuanto más hablan, más recuerdan.

 

Memoria oral, pero por supuesto aural, sin que eso implique limitarse a una experiencia exclusivamente auditiva. El territorio había de ser escuchado pero también visto y recorrido a pie. Y es que al escuchar los recuerdos de nuestros entrevistados resulta imposible ver de la misma manera los espacios que transitamos, convirtiendo el barrio en una suerte de enorme pieza site-specific donde confluyen diferentes épocas a la vez.

 

El resultado de meses de trabajo es esta web, un repositorio de grabaciones que ofrecen diferentes voces y testimonios. Un repositorio que está asociado a un lugar determinado que, a lo largo del tiempo, ha mudado su piel urbana. De esta forma, hemos sabido que, durante la Guerra Civil Legazpi fue frente bélico, y que en la posguerra se acrecentó el carácter de barrio humilde y de gente trabajadora que vivía en Arganzuela gracias a los diferentes centros productivos presentes en la zona:el propio matadero municipal, el mercado de frutas y verduras, o las diferentes fábricas de firmas industriales muy activas hasta la década de los sesenta, momento en que fueron trasladadas a las nuevas afueras de un Madrid en expansión, y que traerían el paulatino declive de Arganzuela que con el cierre del matadero municipal  epicentro y motor económico- en los noventa supondría el fin de un importante capítulo en la historia del distrito.

Aprovechando la nueva etapa que se inicia con la segunda vida del matadero municipal convertido en centro de creación contemporánea a partir de 2007, Matadero Memoria Aural pretende ser un ejercicio de lo que Isobel Anderson denomina “escucha productiva”: La posibilidad de que el visitante elabore nuevos significados en su entorno, transformando el “espacio” en “lugar” y favoreciendo la creación de un vínculo con los miembros de la comunidad que está escuchando. Si además esta propuesta de auralidad aumentada lleva al público a quitarse los auriculares y pasar a entablar conversación con quienes le rodean en estas calles de Arganzuela, Sound Readers nos sentiremos doblemente satisfechos.

Cada persona con la que hemos hablado nos ha mostrado una parte de su historia y de su biografía, ha compartido con nosotros sus recuerdos y ha contribuido a que este proyecto cobre vida y se mantenga activo. Gracias a sus voces hemos creado un mapa de la memoria colectiva de Legazpi. Todas estas voces configuran un paisaje urbano, para que sepamos que, tanto el matadero como el resto del barrio, tuvieron un pasado latente, presente, porque respira tanto en la memoria de los vecinos como en el propio espacio arquitectónico. Y es que como diría Paolo Virno: “no habría memoria si ella no fuese, ante todo, memoria del presente”.

 

Sound Readers