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Imágen : Archivo Online memoriademadrid.es Inv. 1676

Matadero Memoria Aural

A día de hoy no descubriremos nada nuevo si hablamos del paisaje sonoro como esa infinita composición musical formada por la pluralidad de sonidos a nuestro alrededor. Sin embargo, resulta menos habitual reconocer a la voz un papel no marginal como parte de ese tapiz sonoro en perpetuo cambio. Matadero Memoria Aural arrancó como un intento de querer recuperar la historia de un barrio a través del sonido. Para darnos cuenta de que no era posible sino recoger pequeños fragmentos de aquella en la pluralidad de voces de quienes han vivido en él, haciéndolo suyo.

 

¿Se puede medir o cuantificar el peso de los recuerdos en un sonido?

Desde hace 6 meses, hemos querido registrar el testimonio de las personas que de alguna que otra manera estuvieron asociadas al Matadero y al barrio. Por eso hemos hablado con vecinos que han vivido mucho tiempo en Legazpi, con antiguos y actuales trabajadores de Matadero, con algunos comerciantes que aún conservan su negocio y han sido testigos de las diferentes transformaciones del barrio.

 

¿Cómo recuperar aquello desaparecido, objeto de un sinfín de transformaciones durante décadas? Registrar el paisaje sonoro presente era insuficiente a la vez que una tarea quimérica. Oyentes al tiempo que ejecutantes en esta inaprehensible composición en la que estamos inmersos, optamos principalmente por la oralidad -aunque no exclusivamente: Ahí están los registros de ambiente y piezas sonoras, claves por su aproximación al sonido desde lo espacial.  Finalmente, los diálogos registrados se convertían en una pieza de autoría compartida con nuestros interlocutores, donde el acto de escuchar es mucho más que una cuestión meramente sensorial.

Adriana Cavarero en su acercamiento a la voz como fenómeno relacional, más allá del discurso y el lenguaje, recupera las palabras de Italo Calvino para recordarnos lo que significa una voz: “una persona viva, garganta, tórax, sentimientos, que empuja en el aire esa voz diferente de todas las otras voces”. Así que nuestro trabajo ha sido entrar en relación con distintas voces para, vía tecnología, reintegrarlas -y con ellas las nuestras- en el paisaje sonoro de Legazpi, Chopera y alrededores.

 

Sin embargo, ha sido  difícil registrar los recuerdos, sus recuerdos. A veces titubean o se olvidan, algunos se fingen y otros se exaltan. Es una tarea laboriosa, que comprende un trabajo de campo complejo y una metodología que a veces podría parecer algo rígida por seguir un guión; pero también una experiencia personal muy rica en la que no paramos de escuchar, de intentar crear la situación en la que las personas se sientan cómodas y nos cuenten cosas, muchas cosas, porque cuanto más hablan, más recuerdan.

Memoria oral, pero por supuesto aural, sin que eso implique limitarse a una experiencia exclusivamente auditiva. El territorio había de ser escuchado pero también visto y recorrido a pie. Y es que al escuchar los recuerdos de nuestros entrevistados resulta imposible ver de la misma manera los espacios que transitamos. Convirtiendo el barrio en una suerte de enorme pieza site-specific donde confluyen diferentes épocas a la vez.

El resultado de este trabajo es un archivo. Un archivo polifónico, con diferentes voces y testimonios. Este archivo está asociado a un lugar geográfico determinado que, a lo largo del tiempo, ha mutado su piel urbana. De esta forma, hemos sabido que, durante la Guerra Civil Legazpi fue frente fronterizo, que en la posguerra se acrecentó el carácter de barrio humilde y de gente trabajadora que vivían gracias a las diferentes industrias de la zona: la cárnica en el Matadero Municipal, la comercial por el Mercado de la fruta y verdura, la de fábricas de diversa índole. Que vivió una época de cierto apogeo económico en los sesenta y que paulatinamente y debido al cierre de las fábricas fue decayendo hasta que, definitivamente, Matadero, epicentro y motor del barrio, cerró en los noventa.

 

Se trata pues de un ejercicio de lo que Isobel Anderson denomina escucha productiva: La posibilidad de que el visitante elabore nuevos significados en su entorno, transformando el “espacio” en “lugar” y favoreciendo la creación de un vínculo con los miembros de la comunidad que está escuchando. Si además esta propuesta de auralidad aumentada lleva al público a quitarse los auriculares y pasar a entablar conversación con quienes le rodean en estas calles de Arganzuela, Sound Readers nos sentiremos doblemente satisfechos.

 

Cada persona con la que hemos hablado nos ha mostrado una parte de su historia y de su biografía, ha compartido con nosotros sus recuerdos,  y ha contribuido a que este archivo cobre vida y se mantenga activo. Gracias a sus voces hemos creado un mapa de la memoria colectiva de Legazpi. Todas estas voces configuran un paisaje urbano, para que sepamos que, tanto Matadero como el resto del barrio, tuvieron un pasado latente, presente, porque respira tanto en la memoria de los vecinos como en el propio espacio arquitectónico. Y es que como diría Paolo Virno: “no habría memoria si ella no fuese, ante todo, memoria del presente”.

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