Julio (1940) y Avelina (1934) viven en el barrio desde los años 30s lo que les convierte en excelentes conocedores de su transformación a través de varias décadas. En este fragmento de entrevista se recogen algunos recuerdos de su infancia que revelan cómo afectaba la presencia del matadero municipal a la cotidianeidad del vecindario, incluyendo una sorprendente alusión a la apertura al público del recinto durante la Semana Santa.

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